“Los intermediarios no son un elemento necesario en el fútbol base”

Álex Villar (Vigo, 1974) lleva dos décadas dedicadas a Val Miñor (ex Ureca), que es un derivado de su pasión por la docencia, su profesión. El vicepresidente y director deportivo del club Nigranes es un observador privilegiado de la dinámica del fútbol base, más recientemente desde la perspectiva del padre de un niño -Pedro- que emprenderá una aventura en Barcelona la próxima temporada. Solo ha confirmado esta dualidad en los conceptos formativos que siempre ha defendido, orientados a la alegría y el crecimiento de los niños y no a la consecución de una carrera futbolística profesional. Y en este ecosistema, cree que las repeticiones no son necesarias y, a menudo, pueden ser dañinas.

Primero Ureca, luego Val Miñor y siempre entrenando como apuesta.

Es nuestra esencia. Estuve desde el principio y teníamos muy bien pensada esta idea: el origen, la función y los objetivos que queríamos. Ser una cantera, un club de base. La iniciativa del actual club de mayores viene de dentro, porque hay interesados ​​que quieren, quieren y pueden trabajar en él. Ahí está y lo llevaremos con el mismo cariño pero sin perder nuestra esencia, que es ser un club juvenil.

Y es una escuela que va más allá del fútbol, ​​porque muy pocos niños llegan al fútbol profesional.

Un porcentaje mínimo. Tenemos un conjunto de valores y pilares que debemos respetar y tratar de vivir. No ponemos el fútbol por encima de cualquier otra cosa.

¿Y cuáles son estos valores?

Solidaridad, trabajo, compañerismo, respeto… Esta es la esencia.

Ya tienes más de 25 años y habrá tiempo para que exjugadores se formen en otras posiciones.

De hecho, el hijo del presidente es una de las figuras clave en el liderazgo. Tenemos algunos ex jugadores como entrenadores. Y ahora ya tenemos un hijo de un exjugador. Pedro Vázquez fue el primero.

Su equipo de referencia es el primer equipo juvenil que pierde este año la categoría de división de honor. Lo cual no deja de entrar en la dinámica lógica.

Por la estructura de nuestro club, no somos representativos de una gran ciudad ni tenemos un apoyo demasiado importante que nos pueda llevar. Estar ocho años en la División de Honor fue algo extraordinario. Aparte de los profesionales, éramos el club en el que llevamos más tiempo. Y ya llevábamos dos o tres años donde tuvimos mucha suerte de ser salvados. Este año fue ¿qué haremos? No nos rasgaremos la ropa.

Porque no estropea el proyecto en absoluto.

Absolutamente nada. Como entrenador, estoy decepcionado, y los jugadores también, por supuesto. Pero no nos volvamos locos. Son cosas que pasan. Debemos seguir trabajando, continuar con nuestra línea de proyectos y esforzarnos por avanzar.

¿Cómo es la relación con los padres en un club de formación como la tuya?

Cada día es más difícil la gestión y más en las altas competiciones. Estamos tratando de tomarlo, pero no es fácil. Y ahora hay intermediarios, como los representantes, y complican mucho las cosas. Más aún en una escuela como la nuestra que no es profesional. Estamos en una pequeña tierra de nadie. Porque somos una escuela, pero estamos en una categoría casi profesional. Aparecen agentes, intereses… Complicado de gestionar.

¿Es correcta la sobrepresión de los parlamentarios sobre los niños pequeños?

Creo que sí. Para ser sincero. No creo que sea un elemento necesario en el fútbol base. Es cierto que cada vez tienen que incorporar a sus jugadores más temprano, se adelantan las fechas y no creo que eso sea bueno para los niños. La confunde más que cualquier otra cosa. A los niños ya los padres.

Parece que todos los padres quieren que sus hijos sean Thiago y Rafinha y eso no es real.

No es real, ni es el objetivo. Es un resultado que puede o no salir. Pero si ve eso como una meta, está ejerciendo una presión indebida sobre su hijo. El objetivo cuando juega en un club de base es divertirse y dedicar su tiempo a una actividad que le beneficie. Establecer metas más altas significa poner más presión sobre el niño. Y ves estas cosas todos los días. No llevan a ninguna parte.

Con tu hijo Pedro, que se va al Barcelona el año que viene, ahora también apareces como padre de un futbolista. ¿Cómo lo conjugas?

Sigo siendo padre de un niño, no futbolista. De momento no es futbolista, sigue siendo un niño. Allí le ofrecen un aprendizaje, que me parece ideal. Es como conseguir una beca para estudiar en Oxford. Vas a pasar un año allí, te gusta y así lo pensaré. Te vas, disfrutas un año o dos o lo que sea, y lo que viene vendrá y lo que no viene no vendrá. No quiero presionar a mi hijo, quiero que lo disfrute.

Piense en ello como una oportunidad educativa.

Yo soy un profesor. Es una de las cosas que se me vinieron a la cabeza. Porque era más un dolor que una alegría. Manejar un mensaje como este cuando te llega es como estar al borde del abismo. Ya no significa enviar a un chico de 14 años a un lugar donde te quedas sin él. Bueno, una de las cosas que me pasó fue que como maestra tengo alumnos que se van a Inglaterra por un año. Y me dije: ‘Bueno, tengo que pensarlo’. Es cierto que existe la ilusión de que le gusta y tú tampoco puedes evitarlo. Pero la agonía está ahí.

Y luego podrías incluso volver atrás y continuar tu carrera, como en otros casos.

Exactamente. No sé si serán tres meses o tres años. No importa, disfrútalo. Ese es el enfoque que tomamos como padres.

En general, ¿cómo es la relación con el Celta, club de referencia en este ámbito?

Bien. Es muy bueno. Incluso en este caso mi hijo y otro chico que también va a Barcelona (Pedro Fernández) entrenaban con ellos y iban a torneos. La comunicación es buena y la relación es muy buena. No hay pero.

Suele decirse que las nuevas generaciones son más difíciles de manejar, que tienen menos fuerza y ​​dedicación. ¿Lo apreciaste en esos 25 años?

He oído eso desde que era un niño. Si siguiéramos ese patrón, el de hoy ya sería una cosa atrapable en ninguna parte… No lo creo. Lo que creo es que cada vez soy menos joven y la distancia con ellos es cada vez mayor. Yo cambio, no ellos. La sociedad que nos rodea está cambiando y esto hace que ella cambie y nosotros cambiemos. Son como siempre, es la sensación que tengo cuando los entreno. Básicamente es más o menos lo mismo.

¿Y notas un retroceso numérico?

no Tenemos más o menos el mismo número de jugadores cada año. Quizá en las categorías inferiores se note el descenso demográfico, pero no demasiado.