La gloria del Real Madrid es infinita | Deportes

Un Courtois colosal y un Vinicius puntual salpicaron la leyenda del Real Madrid, tan glorioso en los años 50 como lo es hoy. En la fundación de la Copa de Europa y 67 años después. Es su fábula. Un éxito sin precedentes que continúa y se transmite de generación en generación. Y no hay respuesta. Es el Real Madrid. No más. Porque nadie gana como este club que ha maravillado al fútbol mundial. PSG, Chelsea, City… y Liverpool cayeron como fichas de dominó.

Liverpool

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Alisson, Ibrahima Konate, A. Robertson, Virgil Van Dijk, Trent Alexander-Arnold, Thiago (Roberto Firmino, min. 76), Fabinho, Henderson (Naby Keita, min. 76), Salah, Luis Díaz (Diogo Jota, min. 64) y melena

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Real Madrid

Courtois, Dani Carvajal, Ferland Mendy, Alaba, Eder Militao, Kroos, Modric (Dani Ceballos, min. 89), Casemiro, Benzema, Vinicius Junior (Rodrygo, min. 92) y Federico Valverde (Camavinga, min. 84)

puertas 0-1 min 58: Vinicius Jr.

árbitro Clemens Turpin

tarjetas amarillas Fabinho (desde 61)

Ninguno de los vencidos podrá decir que fue inferior. Todos ustedes se lo merecían. Pero Lineker no dio en el blanco. El fútbol no es el deporte en el que Alemania siempre canta bingo. El exdelantero de Inglaterra se olvidó del Madrid, que ha perdido tres de 17 finales de Copa de Europa, la última en el Pleistoceno futbolístico (1981). En París, la terraza privada de Rafa Nadal, gran espectador en Saint-Denis, volvió a subir. No ha concretado sus míticas remontadas. Le bastaron un ganchillo de Vinicius y la infinita inspiración de Courtois. Un Liverpool frustrado hizo el resto. Juega, juega y mejor que el Madrid. Pero a la hora de ganar no juegas con el Madrid. Ese es otro asunto.

El Real Madrid se retrasó, al igual que el partido que hizo historia en las caóticas rondas preliminares, con muchos aficionados tratando de convertir a Saint-Denis en un barranco. Cuando ha llegado el fútbol ya se sabe: para este equipo los partidos acaban, no empiezan. Lo suyo es el trompo cuando no hay tiempo de pestañear. Es posible que intente romper la marca cuando caiga la primera mitad, dando oportunidad al rival de reaccionar pero también dando un latigazo justo antes de la tregua. Sobre todo si el verdugo ha sido sometido para entonces, en el caso de la Real, por esa Real que juega en la sala de espera hasta que se da su momento. Sólo el Madrid sabe de lo que habla. Sus oponentes lo huelen. Lo sientes, incluso si no hay razón. Real ahorra como ningún otro. No hay equipo que cuente más historias que el del bendito Carlo Ancelotti, hasta el punto de que ya es el técnico con más Orejonas a la altura del Madrid.

Aparte de ese portero excepcional y puntual, Courtois, no se había marchado para nada del Madrid cuando se desató el caos con el no gol de Benzema justo antes del descanso. El capitán del Madrid persiguió al Liverpool en tanga. Amagó al portero Alisson y el partido, chocando con Benzema en el matorral, se enturbió. Rechace entre el portero brasileño y su compañero Konaté. Valverde se lanzó al ataque y provocó otro rechace, esta vez en Fabinho. El balón, loco, lo llevó a Benzema, que embocó. El VAR convocó un simposio y minutos después: partido anulado. Quizás se interpretó que el delantero francés ya estaba fuera de lugar con el rechace de Valverde por delante de Fabinho. Tal vez, tal vez, tal vez. En este fútbol hiperprofesional resulta que los comisarios, los del campo y los de los rayos X, ocultan a la plantilla los motivos de sus decisiones.

Previo al relevo de la orden judicial, el Liverpool había tocado al Madrid en la primera media hora. Enfrentó el frenesí de los de Jurgen Klopp, un Real delincuente, muy reticente en su rancho. Nadie aireó a los blancos, pese a la elocuente ilusión de Benzema, Modric… y no digamos Courtois. Salah y Thiago le pusieron a prueba con malas uvas. Repitió el egipcio y Mané no se contuvo, pero el belga, que tiene los palos por armas, desvió el remate del senegalés al poste derecho. Eran momentos en los que el conjunto inglés arrollaba a la Real. Nadie movió una muleta por Temple, e incluso Konaté, que no es jamaiquino, le ganó una carrera a Vinicius. Lo real, contra las cuerdas, paciente con lo real. El Liverpool se fue y se fue. Madrid se iría… y vaya que se fue.

Tras el descanso, no hubo más pistas. cargaron de nuevo redes, ordenado por Thiago -que persigue a Toni Kroos con Klopp-, iniciado por Alexander-Arnold y animado por Luis Díaz, Mané y Salah. La Real se sacudió la correa como pudo. Y si no pudo: Courtois, inmenso de principio a fin.

Los partidos en este Madrid tienen mucho de puñetazos, tan en forma, tan nocaut clínico. Se resiste a resistir hasta que suelta el anzuelo. Valverde aceleró por banda derecha y su centro con dinamita prendió a Alexander-Arnold en la luna de París. Vinicius se ha vuelto tan optimista con el gol que hasta es un villano.

La gloria del Real Madrid es infinitaFoto: FUENTES GONZALO (REUTERS) | Video: EPV

El gol de Vinicius volvió a la escena de Courtois. El Madrid de las zonas donde se dirimen tantas disputas. Una y otra vez anotó el portero belga, ante la desesperación de los chicos de Anfield. Sobre todo de Salah, superado con creces por Courtois, el héroe del 14, al que Vinicius certificó a la manera de este Real Madrid: porque sí. Los milagros están prohibidos. Este Madrid sólo tiene que ver con Madrid. Madrid sólo se puede admirar. Es Madrid y punto. El campeón de campeones durante siglos. Europa es tu liga. Y liga como nadie. El Real Madrid es infinito.

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