Fútbol, ​​cerveza y heavy metal

En mayo de 2015, Jürgen Klopp seguía siendo el entrenador del Borussia Dortmund. Como es habitual, apareció en la rueda de prensa previa a la final de la Copa DFB con ropa deportiva y una gorra clásica. Quería irse del club después de ese partido y corría el rumor de que el Real Madrid lo quería a él que se quedó sin Carlo Ancelotti. Un periodista de rápidos reflejos y ávido de título le pidió que aprendiera español. Fingió sorpresa, sonrió y dijo cuatro simples palabras: “Una cerveza por favor” y su risa terminó el momento. Su proyecto sabático terminó tres meses después cuando el equipo británico, que también estaba probando italiano, lo llamó. Hoy serán rivales en París, elegidos cuando la UEFA canceló San Petersburgo por la invasión rusa a Ucrania.

Precisamente en Kyiv, hace cuatro años, Klopp logró la definición ante los españoles, que ganaron 3-1 con el protagonismo exclusivo de Gareth Bale, que marcó dos goles. y el portero Loris Karius, que le dio dos goles al Madrid. Eso motivó la compra del brasileño Alisson, garante en la portería, ya partir de ahí se fue gestando un equipo de época. Desde que llegó a la ciudad de los Beatles, el alemán había perdido tres finales y fue subcampeón de la Premier League en 2019 pese a anotar 97 puntos, un 85% efectivos ya que el Manchester City anotó otra. Parecía que no podía romper la maldición, pero tras ganar la Champions ante el Tottenham un año después de perder ante la Real, se desató una tormenta: tres títulos locales más y dos internacionales.

Hay momentos en que las estadísticas son un montón de números que no explican lo que está pasando., pero con Klopp sí, porque nos dejan entender mucho. El Liverpool llevaba diez años sin ganar la Copa de la Liga, catorce sin ganar la Champions y la Supercopa de Europa, dieciséis sin ganar la FA Cup, nunca había ganado el Mundial de Clubes y lo más significativo, terminó treinta años sin ganar la Premier League. Todo en siete años. El club había ganado el título inglés por última vez en 1990 cuando Klopp firmó su primer contrato profesional con el Mainz 05. Aunque todavía está lejos de los números de Bob Paisley, Kenny Dalglish y Bill Shankly, el tridente de los entrenadores más exitosos del club, no hay duda de que su paso a la historia roja está asegurado.

“En mi carrera futbolística, nunca pude poner en el campo lo que tenía en mente. Tenía talento para jugar en la 5ª división y ganas de jugar en la Bundesliga. El resultado fue una carrera en la segunda división.” Tras años en el fútbol amateur en Frankfurt, donde completó sus estudios de ciencias del deporte en la Universidad Goethe, fichó por el Mainz, donde jugó once años y fue tercer futbolista en partidos y goles en la historia del club. Allí debutó al otro lado de la línea caliza y estuvo siete temporadas. Lo atrapó en segunda división, lo ascendió, lo clasificó en la Europa League, descendió y, como no volvió a primera división, renunció. Sin embargo Borussia Dortmund lo contrató. Se convirtió en la pesadilla nacional del Bayern de Múnich, ganando dos ligas, además de una Copa de Alemania y dos Supercopas locales. Sin embargo, al Bayern le quedaba el choque más candente: la Champions League de 2013, la primera de las cuatro veces que Jurgen arbitró el último partido del torneo.

A pesar de sus orígenes, es una persona abierta, de alto perfil y sociable. Su definición de lo que aspira hacer en el fútbol es solo un ejemplo. A Arsene Wegner (ex entrenador del Arsenal) le gusta tener el balón y juega al fútbol de pases. Es como una orquesta pero con una canción muda. Me gusta más el heavy metal. Siempre quiero que sea fuerte“. La metáfora musical refuerza la imagen de sus equipos intensos, con mucha presión y con una codicia muy grande. La anécdota de la cerveza se encuentra con el prejuicio del amor de los alemanes por la bebida y gracias al alcohol también se vivió uno de sus momentos humanos más memorables. Tras perder ante el Madrid en 2018, se hizo viral un vídeo suyo cantando en ucraniano con Campino, el líder de los Toten Hosen, borracho de madrugada. “Vimos la Copa de Europa, el Madrid tuvo mucha suerte. Te juramos que seguiremos siendo grandes. Lo traeremos de vuelta a Liverpool”.

En los cánones del fútbol argentino, cualquier entrenador en la misma situación habría sido despedido por la presión de la afición. Sin embargo, Klopp siguió adelante y un año después cumplió con la conclusión de la canción. En España volvió con Campino, pero esta vez sobrio en el vídeo y con la Champions en la mano. El cantante, hincha del Fortuna Dusseldorf en su país, era hincha del Liverpool incluso antes de que llegara su amigo. En 2005 llegó a la final de Estambul, donde Inglaterra, perdiendo 3-0, empató 3-3 con el Milan y los derrotó en los penaltis. Cuando Klopp asumió, le envió un mensaje, dejándole una petición clara: “Hola Jurgen, bienvenido a mi club. Hazme un favor, no lo estropees”.

Tenía contrato hasta 2024 pero tras la serie del Villarreal se acordó prorrogarlo hasta 2026. Seguirá cobrando la misma suma, la friolera de 12 millones de euros netos al año, sin aumento de sueldo, pero ha exigido que sus asistentes Pep Lijnders y Pete Krawietz cobren dos millones más de lo que ya han cobrado. Qué es lo que dice un líder positivo. También bromeó diciendo que una de las razones de la extensión fue el deseo de su esposa, la escritora Ulla Sandrock: “¿Qué hace un buen esposo cuando su esposa quiere quedarse? La escucha”. Su socio jugó un papel decisivo en su toma de posesión en el Liverpool, rechazando la oferta del Manchester United en 2013 como si los Reds hubieran estado predestinados para Klopp. Cuando entre en el Stade de France lo hará con su clásica equipación de gimnasia, su gorra y toda su intensidad al servicio de sus jugadores. Ganó todos los partidos de la zona de grupos, pasó al Inter, Benfica y Villarreal. La última parada es el Real Madrid, el equipo más emblemático de la Champions League que se llevó PSG, Chelsea y Manchester City, los gigantes hinchados a petrodólares. El equipo que supo dirigir y del que lleva cuatro años buscándose la revancha.