¿En qué se parece un restaurante a un club de fútbol? es la liga

No es casualidad que hogar provenga etimológicamente de fuego. Como dice Alberto G. Prelcic, chef vigués con estrella Michelin y responsable del Silabario: “Hay más magia en la reunión de los seres queridos alrededor de las brasas, en el vino para brindar que en el acto de comer arroz o una barbacoa”. Con el fútbol pasa lo mismo, dice: no se trata del gol, se trata de la alegría de la victoria del equipo. Es el ritual compartido, horas antes de que ruede la pelota, lo que hace del fútbol un lugar de pertenencia. Tu equipo es tu casa. Carlos Cao, que vive en el mismo barrio que Prelcic, director de la división del RC Celta, llama a la sede del club “la casa del celticismo”. ¿Y qué más que un restaurante podía haber en su cúpula, con vistas a la ría de Vigo? El fuego conector. Silabario es el restaurante estrella Michelin más barato de España (con menús desde 27 euros), la apuesta de un club arraigado que defiende a su país y quiere contagiar su esencia por el mundo: quien ve un partido del RC Celta se lleva a Galicia en visera retina; si pruebas los snacks de su restaurante, lo sabrás.

“Hay pocas cosas más transversales y apasionantes que el fútbol y la cocina; la mesa está presente en todas las costumbres sociales de Galicia”, explica Prelcic, demostrando la lógica de esta comunión: quien se queda a ver un partido con los amigos se prepara un aperitivo, unas cervezas… La buena comida, dice Prelcic, tiene que llegar allí. Prelcic creció junto a la pescadería, en la lonja de Berbés de Vigo. Recuerda despertarse y encontrar que su abuela salió antes del amanecer para recogerla alrededor del mediodía, y que un olor “que era casi parte de su ADN” la impregnaba. Su familia vinculó esa relación con el mar, con el pescado, durante generaciones, hasta el punto de que el niño que era ya podía distinguir una merluza alanceada o un rape del día de otros que no lo eran. Probó la cabeza de la tortilla antes de que su madre la cuajara, o de los guisos. Sin embargo, primero trató de completar una licenciatura en derecho.

Hasta que se cayó de una cereza a los 22 años: No era feliz y casi todos a su alrededor imaginaban cómo debía ser su camino. Así que hizo un aprendizaje de cocina en Galicia y, tras adquirir experiencia en templos gastronómicos como Casa Solla o Arzak, de nuevo siguiendo una lógica casi innegable, acabó en Tuy, en el Bajo Miño, en el hotelito de su padre. Dieron un menú diario, principalmente para trabajadores y vecinos; pero desde que asumió, más y más gente venía a comer. En 2008 abrieron un restaurante; En 2011, cuando Prelcic cumplió 33 años, este humilde restaurante junto a una posada fronteriza ya ganó una estrella Michelin.

¿Cómo pasó? Por las mismas razones que le acercaron al RC Celta: por una combinación de talento -trabajado hasta el agotamiento porque no imagina no exigirse al máximo- y un respeto escrupuloso por lo que le ofrece el entorno gallego. Una filosofía que se ha trasladado a Silabario, el restaurante que abrió en 2018 en la sede celeste del club: “Como el Celta apuesta por ofrecer una ventana primero al chaval de Coruxo, Valladares, Cambre… al gallego que quiere jugar ; Así como el Celta ha hecho de su cantera un referente de innovación, Silabario es un restaurante gallego que trabaja en un 99% con productores de al lado que elaboran materias primas de primera calidad y que pretende dar a conocer”. mejores embajadores posibles de lo que es Galicia.

comer en silabario


Interior de Silabario, en la sede del RC Celta.
Interior de Silabario, en la sede del RC Celta.

El restaurante ofrece cuatro menús: el más económico está dedicado a la lonja, el bereberes, y dependiendo de la temporada, puedes probar una caballa en escabeche o un potaje de alubias de Lourenzá con setas. En total un entrante, dos platos y un postre por 27 euros. los menús tempo (62 euros) y bienes (95 euros) rescata y formula la cocina basada en productos de temporada y tradicionales -desde el gallo de Mosca hasta la vieira- revolucionada por su autor. Por último, Prelcic ofrece un menú solaine (150 euros) con delicias tan exclusivas como puramente gallegas, como la anguila o la lamprea.

Fútbol y gastronomía, un negocio al alza

Carlos Cao quería ser futbolista. Interior derecho. Poco antes de cumplir la mayoría de edad, recibió una llamada de su RC Celta del club al que siempre habían pertenecido él, su padre y su hermano. Tuvo la oportunidad de vestir su camiseta en la Bundesliga juvenil. Y luego quién sabe. Sin embargo, sus padres le respondieron: lo primero es estudiar. Tuvo que tragarse sus deseos y declinar la invitación. Pero hay ofertas que no se pueden rechazar dos veces… Cao es ingeniero en la especialidad de administración de empresas y cuando el club buscaba una base para instalarse y expandirse -“ofrece a sus aficionados mucho más que el día del partido, una experiencia de cultura celta que podría abrirse a muchas otras áreas”- lo contactó. El presidente Carlos Mouriño le preguntó: “¿Por qué deberías ser tú el que liderara este proceso?” “Porque yo quería ser el centrocampista derecho del Celta. Porque chupé el celticismo en las gradas y no me podía identificar con él en ningún otro trabajo del mundo. Y porque tengo ideas”. Dice Cao que fue el propio presidente quien sugirió dedicar la buhardilla del edificio del centro de Vigo a un restaurante que, como el resto de la sede, estuviera abierto a todo el mundo: “Un éxito. Si un rival viene aquí a jugar, ¿hay una comida previa, puede haber algo mejor que literalmente darle la bienvenida a tu casa?, ¿podemos ofrecerle algo mejor que lo que la ría y las montañas circundantes pueden ofrecernos?

Carlos Cao, Director del RC Celta División, en la terraza de la sede del club en Vigo.
Carlos Cao, Director del RC Celta División, en la terraza de la sede del club en Vigo.ÓSCAR CORRAL

Cao cree ciegamente en lo que dice: “Si quisiera intentar ganar público para nuestro Celta en Estados Unidos, por ejemplo, ¿a quién me llevaría a Nueva York? Lo tengo claro: Alberto. Verían el juego y los ganaríamos y les mostraríamos quiénes somos”.

Esta comunidad futbolística-gastronómica es un auténtico negocio en auge, dos disciplinas en las que, como dice Cao, España tiene un talento sin límites. Sin ir más lejos, Martín Berasategui (12 estrellas Michelin) abrirá un restaurante en el Santiago Bernabéu; ¿Y el Athletic Club, cuyo presidente, Aitor Elizegi, es cocinero? En San Mamés, la gastronomía tiene un lugar privilegiado: sobre el césped se pueden degustar platos del chef Fernando Canales, galardonado con una estrella Michelin, y por los hornos del estadio han pasado nombres como Eneko Atxa o Zuriñe García.

“Este es el futuro”, coinciden Prelcic y Cao, por un sinfín de razones: porque cada región española tiene platos que merecen una presentación como la que puede ofrecer el fútbol, ​​porque es una forma inmejorable de promover una alimentación sana y de calidad… Ambos sueñan con cómo podría ser este rito de pertenencia, horas antes de que empiece a rodar el balón: familias que, antes de tomar asiento, “se juntan a tomar unas ostras o navajas a la plancha de placeras y pescaderías de los Berbes a probar”, dice Prelcic. Como su abuela.