Covid-19: México ha perdido cuatro años de esperanza de vida por la pandemia, según estudio de la Universidad de California

Un músico en un panteón en Ecatepec, México, en febrero de 2021.
Un músico en un panteón en Ecatepec, México, en febrero de 2021.nayeli cruz

La pandemia del Covid-19 le ha costado a México cuatro años de esperanza de vida. Ese es el cálculo de Patrick Heuveline, investigador de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA). Su estudio estima que la esperanza de vida en todo el mundo se ha reducido en un promedio de dos años, una disminución que no se veía desde la década de 1950. Heuveline señala que el impacto demográfico que dejó la crisis sanitaria en 2020 y 2021 fue una pérdida importante”, afirma la investigadora en la entrevista. Sin embargo, el golpe no fue igual para todos. De más de 98 países y territorios analizados, solo ocho perdieron cuatro años o más en este indicador, y cinco de ellos están en América Latina: México, Perú, Bolivia, Paraguay y Guatemala. Según cálculos de Heuveline, un mexicano tenía una esperanza de vida de 72,2 años en 2019. A finales del año pasado, ese número se había reducido a 67,9 años. Una mujer mexicana podría esperar vivir hasta casi los 78 años, pero solo hasta los 74.2 después de dos años de pandemia.

Para comprender las implicaciones de sus hallazgos, Heuveline compara la esperanza de vida con la velocidad de un automóvil. “Si conduces a 100 kilómetros por hora y te mantienes a esa velocidad, habrás recorrido 100 kilómetros en una hora”, dice. Lo mismo se aplica a la esperanza de vida. Puede interpretarse como una estimación de cuántos años se espera que viva una persona en promedio, teniendo en cuenta el año de nacimiento, el lugar de nacimiento y el sexo, así como otros factores demográficos, y suponiendo que las condiciones de vida de un país no cambiarán. significativamente. El indicador es sensible al acceso a la salud, la violencia o la pobreza, por ejemplo. “Claro que cambia la velocidad del coche, también las condiciones de vida, y suponer lo contrario es irreal”, aclara el científico, “pero la ventaja es que es un indicador que ha sido estimado para prácticamente todos los países del mundo. desde la Segunda Guerra Mundial o incluso durante 200 años”.

El investigador, formado en estadística y sociología, utilizó este parámetro para estudiar cómo la pandemia afectó la supervivencia humana en comparación con otros eventos. “Lo que es impactante es que Covid-19 realmente fue uno Pandemia, en el sentido de que afectó a prácticamente todos los países”, subraya. La epidemia del VIH, por ejemplo, ha tenido un impacto notable, pero solo en unas pocas regiones del mundo. Las guerras y los genocidios provocaron el declive de los lugares que los sufrieron. Sin embargo, nada había sucedido en siete décadas que hubiera acortado tanto la esperanza de vida de la humanidad. La disminución global de la esperanza de vida de dos años puede entenderse en el sentido de que las personas que fallecieron a causa de la COVID-19 murieron en promedio dos años antes de lo que se pensaba anteriormente. “Otra forma de verlo es que es una medida de qué tan temprano fue su muerte”, dice Heuveline.

Para su cálculo se utilizan tablas de mortalidad, que suelen tener en cuenta la edad media de los fallecidos y cuántos nuevos nacimientos se registran al año. Se supone que con un crecimiento demográfico constante y un número estable de muertes, la esperanza de vida promedio no cambiará significativamente. Existen funciones matemáticas que permiten estandarizar estos datos para que puedas compararlos y ver solo el cambio en la mortalidad.

Ha habido un subregistro mundial de muertes por Covid durante la pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calculado que la crisis sanitaria provocó más de 15 millones de muertes, directa o indirectamente, en 2020 y 2021. Por el contrario, solo se habían informado 6,2 millones en las tablas oficiales de muerte por corona. Por eso, el estudio de Heuveline analiza el exceso de mortalidad: todas las muertes que no se han tenido en cuenta en un país en relación con la media de muertes de los últimos años. “En México, el exceso de mortalidad es más o menos el doble de las muertes reportadas oficialmente por Covid”, afirma el científico.

Trabajadores de un panteón en Ecatepec, México, entierran a un hombre que murió de coronavirus en febrero de 2021.
Trabajadores de un panteón en Ecatepec, México, entierran a un hombre que murió de coronavirus en febrero de 2021.nayeli cruz

En Perú, el caso más grave, el indicador cayó 5,6 años, según los resultados del estudio. Un peruano, por ejemplo, esperaba vivir poco más de 74 años en 2019 y poco más de 68 años después. En Guatemala, el desplome fue de 4,8 años para ambos sexos. En Paraguay 4,7 años. En Bolivia 4,1 años. El resto de países que bajan desde hace más de cuatro años están en Europa del Este: Rusia, Bulgaria y Macedonia.

Un estudio de 10 académicos latinoamericanos publicado en Demographic Journal el año pasado género, sugiere una reducción aún mayor de la esperanza de vida en la región: de 10,9 años en Perú, 7,9 años en Ecuador y 5,5 años en México. Otras investigaciones analizan los cambios en diferentes regiones de un país. Víctor García del Colegio de México e Hiram Beltrán de UCLA aseguran que la caída de la esperanza de vida en México en 2020 fue mayor en la capital, el norte del país y la Península de Yucatán.

Las odiosas comparaciones

La base lógica de este resultado es que la mortalidad asociada a la Covid-19 tuvo un mayor impacto en América Latina que en otras regiones, señala Heuveline. ¿Se puede tomar como un indicador del fracaso o éxito de un país al enfrentar la pandemia? “Creo que es legítimo preguntarse qué estuvo bien y qué estuvo mal, si la política pública funcionó o no”, dice. “Pero hay que tener mucho cuidado”, añade.

El académico explica que los datos deben pasar por un proceso de estandarización para volverse comparables y medir solo el efecto a contrastar, pero más allá de los ajustes matemáticos, enfatiza que se deben pensar varios conceptos teóricos: ¿cuál es el momento bueno? Punto de partida, con quién lo estás comparando y, lo que es más importante, por qué. La respuesta corta es que es complicado. “Puede ser injusto para algunos países que tienen números similares pero no están en la misma situación”, dice el investigador. Más allá de los resultados está la causalidad: las hipótesis que surgen para explicarlos. “Están los sospechosos habituales como la densidad de población, la heterogeneidad, las condiciones de pobreza”, dice, “pero realmente tienes que conocer los detalles de cada país para saber eso, y tal vez tengamos más respuestas en el futuro”.

Durante décadas, diferentes países alrededor del mundo han estado en la carrera por estar en la cima de la lista de los más longevos. “Cuando las personas han tratado de medir el progreso, algunas cosas han venido a la mente, pero la esperanza de vida sigue regresando”, dice Heuveline. A grandes rasgos, se basa en la idea de que es difícil para una persona vivir todas las cosas buenas de la vida, pero le resulta aún más difícil vivirlas cuando su vida es corta, comenta la investigadora. “Por eso, se utiliza como un indicador básico de lo bien que le va a un país”, añade. Bajo la consideración de que vivir más no siempre es mejor, surgió el concepto de esperanza de vida saludable. “Aunque normalmente los países que van bien en esperanza de vida también van bien en esta otra”, concluye.

Volviendo a la analogía de la esperanza de vida del automóvil, para 2022 la mortalidad asociada con la pandemia ha disminuido significativamente, y es probable que muchos países puedan pisar el freno y volver a pisar el acelerador. “Covid ha expuesto las debilidades de nuestros sistemas de salud”, dice Heuveline, “pero creo que a la mayoría de los países les ha ido mejor este año”. Aunque aún se desconocen los efectos a largo plazo de Covid, predice que la esperanza de vida en todo el mundo aumentará en los próximos años años se recuperarán. La pregunta es cuándo y cuánto tiempo llevará. “Hasta ahora es solo una conjetura”, concluye el investigador, “recién estamos comenzando a comprender estos efectos”.

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